En un proyecto desarrollado entre 2019 y 2020 logramos construir una versión actualizada de lo que debe incluir una entidad especializada de supervisión policial externa. La investigación de soporte abarca el análisis comparado internacional de fuentes secundarias, capacitación en foros internacionales y nacionales, entrevistas con especialistas extranjeros que llevan décadas trabajando en instituciones de este tipo, y entrevistas y talleres con personas a cargo de responsabilidades políticas y operativas de instituciones policiales en México.

Creación de un contrapeso

Hemos podido identificar, analizar y sistematizar una mirada favorable a la supervisión policial externa, desde la propia policía. Pudimos comprobar mediante múltiples testimonios de operadoras y operadores de la policía, que la creación de un contrapeso de observación, monitoreo, vigilancia, investigación, acompañamiento y mejora, bajo determinadas reglas, puede en efecto ayudar a la mejora policial desde una perspectiva sistémica.

Logramos también actualizar nuestra información sobre las grandes dificultades, los mayores aciertos y las enormes preguntas que rodean a la supervisión policial externa, incluso donde lleva décadas funcionando. Pero lo tenemos más claro que nunca: la policía en México tiene muchas más posibilidades de funcionar en beneficio de la gente si es permanentemente acompañada por esta figura.

No tenemos duda que la enorme cantidad de esfuerzos que se hacen adentro y afuera de la policía para que ésta mejore, han sido siempre insuficientes principalmente por una razón: no hay un mecanismo eficaz que impida o al menos dificulte la manipulación política de la policía. Ninguna reforma legal, reorganización administrativa o herramienta alguna de regulación del desempeño (protocolo, estándar, manual) alcanzará jamás, mientras no exista quien mire y evalúe sistemáticamente su implementación, que no dependa de la propia policía.

Escándalo tras escándalo, la policía nos recuerda que casi siempre está rota por dentro. Nos recuerda que casi nunca es cierto que hace lo que dice que hace; o nos recuerda que muchas veces los esfuerzos de mejora internos son insuficientes, de cara a las resistencias igualmente internas; o también nos recuerda que son entidades públicas gobernadas por poderes informales, en incontables ocasiones vinculados a grupos políticos y a la delincuencia organizada.

Un sistema de intervención sistémica sobre la policía

Por eso nuestro modelo deja atrás cualquier versión del “caso aislado”; porque sabemos que no existe desviación en la policía que no tenga contexto institucional que la hace posible; porque sabemos que alguien tiene que analizar y medir el desempeño de la policía con otros indicadores, con otras metodologías que interpreten las causas profundas de la distancia entre lo que dice la policía que hace y lo que realmente hace; porque sabemos que la policía se descompone cuando no se le mira desde afuera de manera permanente y con herramientas especializadas; porque hemos identificado el trabajo de mucha gente haciendo todo lo posible para que la policía funcione lejos de cualquier contrapeso efectivo posible; porque sabemos que incluso los responsables políticos y operativos que sí empujan los cambios deseados, tarde o temprano son superados por la manipulación política de la seguridad y la policía, quedándose sin fuerza justamente porque no han sabido convocar al apoyo social en torno a las mejoras logradas.

Tenemos un nuevo modelo híbrido y especializado donde la entidad de supervisión externa de la policía es una autoridad pública con poderes para “entrar” permanentemente a la policía y con un sistema de gobierno donde participa una representación social independiente. Tenemos una fórmula lista para ser implementada y sometida a la experimentación: es un sistema de intervención sistémica sobre la policía que combina poderes de autoridad, equipos especializados y sociedad civil.

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