Contra la pared pusieron al presidente Andrés Manuel López Obrador los 10 gobernadores que integran la Alianza Federalista.

Es viable y altamente probable que abandonen el llamado Pacto Fiscal porque las arcas de sus estados están prácticamente en la quiebra.

Eso significa que Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Colima, Michoacán, Chihuahua y Durango, podrían recaudar por su propia cuenta impuestos “federales”.

Tal acción no podría ser considerada como traición a la Patria, como alguien lo dijo, cuando se dio a conocer el amago.

Tienen el derecho y la posibilidad de abandonar el pacto fiscal, como se le conoce al Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, porque la ley lo permite.

El ordenamiento, que data del gobierno de José López Portillo, se creó para “quitar” a los estados la potestad de recaudar impuestos como el IVA e ISR.

Lo hizo porque los gobernadores, de filiación priista todos, nunca se preocuparon por la recaudación. Sólo estiraban la mano.

Desde entonces, el control de los recursos quedó en manos del gobierno, y la repartición se hizo con base en las necesidades de cada entidad.

De esa forma, los estados pobres recibieron siempre más recursos de los que aportaban, como el caso de Chiapas: obtiene 12 veces más de lo que recauda.

En cambio, existen 18 estados, entre ellos Nuevo León, que no reciben ni la mitad de lo que aportan.

Esa es la razón por la que la Alianza Federalista levantó la voz y reclama un trato más justo. Pero eso no es todo, los mandatarios sumaron a líderes sindicales, cámaras empresariales y organismos civiles, lo que prendió focos amarillos en Palacio Nacional.

El 10 de julio se creó la Alianza Federalista, acción que AMLO minimizó y hasta calificó como politiquería.

Sin embargo, el mandatario tiene hoy una preocupación real por lo que puedan hacer los gobernadores.

AMLO está consciente de que pueden materializar su amago, provocando que la 4T deje de recaudar hasta 35% de impuestos.

Con eso no alcanzaría para atender al pueblo pobre que vive en los estados más pobres del país, a los que “les conviene” mantenerse así porque entre más dinero generen y más productivos sean, menos recursos reciben.

Mientras, en la 4T se muerden las uñas para ver cómo responden a los gobernadores.

Al Presidente le llegaron por donde menos esperaba y si no los frena, estos y otros mandatarios rebeldes de clóset, usarán el tema como bandera de campaña, porque no hay dinero para infraestructura ni obras, para proyectos productivos o el fomento educativo, muchos menos para medicamentos, ni para hacer frente a la pandemia.

Los estados están al borde de la inanición y el responsable de todo esto es el gobierno federal, incapaz de incrementar la recaudación. Lo poco que tienen lo envían a un fondo perdido disfrazado de programas sociales y obras faraónicas con poco futuro.

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